LIBRO: La ciencia de la Mente – B. Allan Wallace

libro wallace.jpgSelección de algunos párrafos del libro “La ciencia de la mente: cuando la ciencia y la espiritualidad se encuentran” de B. Allan Wallace con la colaboración de Brian Hodel (Ed. Kairós, 2009). El libro hace un recorrido por la historia de la física (de la física clásica a la física cuántica); hace una exposición crítica de lo que significa ‘hacer ciencia’ (criterios, método científico, filosofía de la ciencia, influencia de prejuicios y preconceptos, influencia del observador); presenta las tradiciones contemplativas (en especial el Budismo) como posibilidades de enriquecer el estudio científico (ej. neurociencias) de la conciencia y la mente desde el enfoque en primera persona (como postulaba el biólogo Francisco Varela); terminando con un resumen de las principales métodos budistas para la exploración, transformación y reconocimiento de la mente.

¿La misma moneda?

Hemos visto ya ejemplos de las dificultades que se siguen cuando los científicos se adhieren de forma dogmática a creencias no examinadas. Históricamente, estos prejuicios se convierten en algunos de los mayores obstáculos para la investigación científica. Si por un momento adoptamos un punto de vista escéptico hacia las creencias del materialismo científico, de inmediato salta a la vista que la existencia de correlaciones entre las estructuras cerebrales y los estados mentales subjetivos no demuestran que ambos son idénticos. La dificultad en salvar esta distancia se denomina el “arduo problema” de los correlatos neuronales de la conciencia, un término introducido en 1995 por el filósofo David J. Chalmers. Volviendo a Williams James, cuando estudió este problema propuso tres posibilidades:

  1. El cerebro produce los pensamientos, igual que una corriente eléctrica produce luz.
  2. El cerebro libera o permite los sucesos mentales, como el gatillo de un arco libera una flecha eliminando el obstáculo que sostiene la cuerda.
  3. El cerebro transmite los pensamientos como la luz incide en un prisma y a partir de ahí transmite un sorprendente espectro de colores”.

[William James, Essays in Religion and Morality, 1989]

Cero, pero no Vacío

El físico Edward Tyron ha propuesto la teoría de que el universo consiste en la fluctuación de un gigantesco vacío cuya energía total es esencialmente cero. ¿Cómo podría nuestro universo, que aparentemente está lleno de materia y energía, cancelarse hasta tal estado vacío? Henning Genz sugiere que tal universo puede haberse originado como una fluctuación espontánea del vacío. ‘Quizás las fluctuaciones de la mecánica cuántica iniciaron no sólo la sustancia de la que nuestro mundo estaba hecho antes de la inflación, sino también el propio espacio-tiempo – dice Genz-. Quizás el verdadero vacío, la verdadera nada de la filosofía y la religión debería verse como un estado totalmente libre de leyes, espacio y tiempo. Este estado puede pensarse como nada más que un conjunto de posibilidades de lo que podría ser’.

Si, ciertamente, todo lo que existe emana de un vacío de meras posibilidades, si la física del vacío y la unidad de la conciencia primordial y el dharmadhatu [según el Budismo, el espacio desde el cual surgen todos los fenómenos] coinciden, hemos cerrado el círculo de lo milagroso. Además, si el universo se originó en la fluctuación espontánea de un vacío que no era sólo físico, un espacio absoluto de los fenómenos que es uno con la conciencia primordial, entonces la mente y la materia emergen del mismo fundamento último. La Mente, de le llame ‘la mente y la palabra de Dios’ (Logos), ‘el Tao’, ‘la mente superior’ de Einstein o ‘la conciencia primordial’, impregna toda la naturaleza. El universo no es una máquina que no piense; es inteligente. Tradicionalmente hemos definido los milagros como causas y sucesos que trascienden las explicaciones físicas. Sin embargo, comparado con lo que estamos sugiriendo aquí, caminar sobre el agua y leer las mentes parecen pequeñeces. ¿Qué podría ser más milagroso que un universo consciente? Sea que ‘Dios’ crease el universo en seis días (la visión bíblica literal) o incontables ‘miles de millones de mundos’ existiendo en un alternante ciclo interminable de destrucción y creación, quizás una interminable serie de big bangs (una versión budista), lo que implica es que la propia existencia es, en el sentido más simple y directo, un milagro. Ahora bien, aquí, desde luego, estamos frente al mayor ‘si’ imaginable. ¿Qué tipo de investigación podría decirnos si algo de esto es verdad? La única ciencia capaz de confirmar un universo así tendría que aceptar plenamente, explorar totalmente e integrar tanto el aspecto ‘físico externo’ como el aspecto ‘consciente interno’ de la existencia.

Según el físico John March-Russell, los científicos suelen creer que se necesita una completa comprensión del vacío como prerrequisito para la comprensión de otros aspectos de los fenómenos y del universo. La ciencia tiene todavía que lograr tal comprensión. A pesar de esa advertencia y las implicaciones de la física cuántica, la mayoría de los científicos todavía se niegan a creer que la conciencia sea relevante para el universo que intentan entender.

Según el Budismo, la conciencia es esencial para la realidad y su comprensión. En el nivel de la conciencia primordial/dharmadhatu, no hay distinción entre materia-energía y conciencia. Están indiferenciados. Pero, aún así, son accesibles a la mente humana. Mientras que las inferencias realizadas por los físicos al especular sobre el vacío son conceptuales y carecen de experiencia directa, los contemplativos, con la habilidad que yace en la claridad abierta de la conciencia primordial, quizás puedan experimentar la fuente de la creación universal. Desde el punto de vista del sentido común, también eso parecería nada menos que milagroso.

Retos para una moderna ciencia de la conciencia

Una de las áreas más polémicas en la espiritualidad es lo paranormal. Bajo la rúbrica de ‘magia’ y ‘brujería’, el Cristianismo condenó el reino de lo ‘sobrenatural’ como pecaminoso y demoníaco. Siguiendo estos pasos, la ciencia negó la existencia de lo sobrenatural y lo milagroso, conduciendo inevitablemente al escepticismo acerca de la naturaleza de la mente como en ninguna otra propiedad de la materia. Los contemplativos budistas afirman que la comprensión de la conciencia primordial, precedida de la perfección de shamatha [meditación de calma mental], revela recursos internos ilimitados en varios tipos de percepción extrasensorial y capacidades paranormales. Entre éstos está la visión remota o clarividencia, la clariaudiencia, el conocimiento de las mentes de los otros, la precognición, y otras habilidades así, incluyendo el poder controlar mentalmente los cuatro elementos: tierra (solidez), agua (fluidez), fuego (calor), y aire (movilidad). Aquí se incluyen ejemplos como atravesar objetos sólidos, caminar sobre el agua, el control mental del fuego, volar y multiplicar y transformar con la mente objetos físicos a voluntad.

Es importante observar que estas habilidades nunca han sido objetivos importantes de la práctica budista. Tenerlos puede incluso considerarse problemático en el sentido de que pueden seducir y apartar de la meta principal de liberar la mente de sus tendencias aflictivas y extraer todo su potencial de sabiduría y compasión. A lo sumo pueden considerarse signos de progreso a lo largo del sendero del despertar. Se dice que su uso actual exige gran discreción. No obstante, hay evidencia de que a veces han sido presenciados en algunas comunidades budistas, en ocasiones por grandes multitudes de personas.

De hecho, ha habido algunas investigaciones científicas interesantes en este campo. El físico Russel Targ ha llevado a cabo un estudio de la visión remota (la capacidad de percibir visualmente cosas que no se hallan en el entorno inmediato de uno) y de la precognición (el conocimiento de sucesos futuros). Afirma que estos poderes existen y ha reunido datos que respaldan sus afirmaciones. Hemos hablado ya de la investigación de R.G. Jahn, de la Universidad de Princeton, quien ha investigado la capacidad que tiene la mente de influenciar objetos físicos.

La obra de estos científicos puede equipararse a los experimentos de los físicos del siglo XIX y comienzos del XX, cuyo acceso a las partículas elementales aportó manifestaciones que la naturaleza produce a veces y de manera impredecible. El cultivo de estados profundos de concentración meditativa es comparable al uso del moderno acelerador de partículas, en el que se puede estudiar las partículas elementales a voluntad en condiciones de laboratorio. Si los estudios neurocientíficos de los contemplativos avanzaran, más físicos podrían comenzar a aceptar la realidad y los potenciales de la conciencia y estudiar sus aspectos ‘paranormales’. Algunos incluso podrían aceptar el reto de comprobar las tecnologías contemplativas personalmente, y a partir de ahí realizar experimentos tanto desde ‘dentro’ como desde ‘fuera’.”

 

 

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Biblioterapia y parejas que leen juntas

PSYCHES IATREION
– Antigua inscripción griega colocada sobre la puerta de la biblioteca de Thebas
cuyo significado es “lugar de sanación de la psique (alma/mente)”

Una biblioteca es un hospital para la mente“.
– Anónimo

“I am a man, and men are animals who tell stories”.
– Clive Baker

La Biblioterapia o el uso terapéutico de la literatura -y por extensión de la escritura- aparece muy bien resumido en un sitio web  de la siguiente manera:

“Un libro entra en la vida de un individuo, se crea un vínculo profundo y la persona se transforma o cambia en una forma significativa producto de este encuentro. La Biblioterapia trabaja con el cómo y el porqué esto ocurre, y cómo este proceso puede usarse de maneras que mejoren nuestra vida como individuos y seres sociales”.

Ya en la antigüedad se les daba libros a los pacientes en hospitales para tranquilizarlos en su espera, lo mismo con los soldados durante la guerra. Siempre ha habido alguna idea de la literatura como vehículo de auto-exploración y terapia.

Aplicado a la pareja, normalmente el proceso biblioterapéutico posee tres etapas de planificación:

1. La pareja responde una serie de preguntas sobre sus hábitos de lectura (¿crecieron con libros?, ¿quiénes leían en su familia?, ¿cuáles fueron sus primeros libros?, ¿sus favoritos?, ¿terminaba todos los libros que empezaba?, ¿dónde leían… a qué horas?, ¿cuáles eran sus pasiones y preocupaciones?).

2. La pareja conversa más detalladamente qué cosas esperan lograr a través de la biblioterapia.

3. Y sobre esa base se determina la “receta” de libros recomendados para cada uno y aquellos para ser leídos juntos en pareja.

La lectura -así como la cultura en general- modifican el cerebro, la forma en que pensamos y vemos el mundo, y en particular la lectura en voz alta en pareja ayuda a crear un espacio de intimidad donde la voz, la respiración, las postura del cuerpo, etc., se resaltan. Hay que recordar que la lectura silenciosa sólo se masificó tardíamente.

En la Biblioterapia se aconseja tomar notas de los libros que se leen y ojalá escribirse mutuamente (mensajes de texto, e-mails, cartas, etc.)

Lou Marinoff – Menos Prozac y más Platón (Entrevista en Una Belleza Nueva)

How Proust Can Change Your Life (Documental)

El cuestionario de Bernard Pivot (basado en Proust)

Por mi parte puedo decir cuánto disfruto cuando María Rosa enciende sus velas, apaga la luz y toma algún libro… a veces incluso lee para mí. Mucho mejor que vegetar frente al televisor me dejo llevar por su voz en ese rito antiguo de contarnos historias. A veces nos leemos artículos de prensa, sitios de internet, poemas…

Un ejemplo de gran contador de historias es Alberto Laiseca, el cuentacuentos que tenía una sección en el canal I-Sat donde contaba historias de terror. Aquí les dejo Corazón Delator [animación basada en el cuento] en la voz de Alberto Laiseca:

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